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El seno infinito II Territorios recuperados

Actualizado: 5 de jun de 2020


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El seno infinito II Territorios recupera
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El Seno Infinito:

II

Territorios recuperados

Vienes desde muy lejos,

desde otro tiempo

cuando el sol se alegraba con

tu pelo y el aire arrullaba un

pensamiento entre dos cuerpos

sin sombra: Tu gracia conjugada

con la mía.

Queda al fin el silencio de un cielo des-

poblado y que te añora

como cuando nuestro encuentro dibujaba

sobre el cristal de la ventana

una sola gran criatura blanca

y éramos, en el firmamento

-–aguas, ramas—

la imagen nupcial que se dilata

emblema universal de lo soñado.

Corazón que ya no siento,

sola mi sombra queda en el fondo del cristal

quebrado, cruelmente multiplicado.

Regreso ahora por el amplio camino del recuerdo.

Sopla el viento.

Detroit, Otoño de 1970

Me están matando

aquí, en este país

en esta ciudad

en este siglo

en este día.

Que no es de amigos

tratar de vivir, tratar de

seguir siendo más o menos

claros, dulces, honrados

como el agua mansa que refleja el cielo.

Más o menos puros

como nos soñaron.

Que no es de amigos tratar de

Seguir siendo como nos parieron:

en este día

en este siglo

en esta ciudad

en este país.

Verano, 1972, Hyde Park, Detroit.

A O. Paz:

Prolongación de una mirada.

He enterrado los pies en mi pequeña porción de eternidad,

Hermano Octavio,

Y la mirada que me devuelve el día

(todo aquí hoy es azul, iluminado, quieto

como un marginal bostezo del cielo)

Trae clavada una herida en la pupila...

No dudo que sea verdad tanta belleza, pero al fin

Ella en mí se interroga, buscando tras los ojos que

La miran, el recuerdo de otros ojos que la añoran:

Aquéllos, desmesurados, por los que el niño de

Biafra indaga –confiado, aún sonriente ante la cámara—

El destino que le fuera preparado.

Sobre la universal pantalla de nuestra tecnología

La descomunal mirada alucinada: exige perpetuarse,

Encuentra asilo, en ésta en que se empaña ahora

La cuajante claridad del mediodía.

Hyde Park, Detroit, Michigan, octubre, 1972

Nunca nada será igual

todo ha cambiado. Y nada.

Cuando esperamos lo mejor ha pasado,

Y ni siquiera nos dimos cuenta.

Y todo ha sido en vano pues

--no lo quisimos, no lo supimos--

(¡si es que se puede!)

detener el vuelo: allí, en ese momento,

cuando la palabra al fin se rinde a la

evidencia, y el silencio traza las huellas del

albatros inmóvil, planeando sobre un punto que

solo él conoce, quedamente suspendido entre

cielo y mar

mar y cielo.


Detroit, Palmer Woods, julio 27, 1973

Como un lobo hambriento mi corazón deshecho

Mordiendo acero

Lo inhóspito del horizonte plagado por

Tu ausencia

Como un largo suspiro entre las ramas

De nuestro invierno fiero

Vuelven los ojos ya sobre el estrago

A buscar lo verdadero –

El marco azul de un infinito,

Pálido recuerdo del primero.


Puerto Rico, abril de 1972

En cada racimo de púrpura encendido

En cada girasol cuyo abigarrado centro

guarda el canto de un sinsonte enamorado.

En cada espiga de heno dorado;

allí donde se oye el zumbido de

mil abejas borrachas,

donde demoras el paso,

donde se alojan tus sueños de nácar

--duende de mis noches de caracol encendido--

tu desvivir entre las algas en flor: Allí donde

trazamos las configuraciones de nuestra más

alta danza nupcial -–donde pereces, donde

amaneces— alza su loco vuelo, renace

desde su muerte, todo mi amor.

Detroit, setentas.

Quién soy

Una mujer rodeada de libros

Una mujer aislada en la palabra

Viviendo en la palabra

Diciéndose a si misma un mundo que

no alcanza, que se escapa, que se le

pierde a cada instante, en la palabra

--un mundo hecho de pausas

entre tanta palabra maniatada.

La lengua de su infancia

pobremente recoge la soledad del día.

Un día inconsecuente como es dar las gracias

resumido en el paisaje de una ventana.

Paisaje repetido y que no ama,

que ha visto prolongarse año tras año

sin que cobrara sentido

la luz de la mañana.

Hyde Park, Detroit, verano de 1972

Igual que la luz por el cristal, el amor que va de Dios hacia Dios, se filtra a través del alma humana.

La belleza es esa sonrisa de ternura que Cristo le envía a la criatura por medio de la materia. Dios como objeto de amor es la luz y el alma humana es el ojo, órgano de visión. Ese es el órgano del yo. Pero cuando el yo se ha borrado, sin que el órgano pierda su virtud, el alma se hace órgano de la visión de Dios. El espíritu es esa visión.

(Simone Weil)

Qué es el espíritu si no

esta flor cuyo infinito centro

desentraña mi infinita

entraña hasta su centro...

Qué es el espíritu si no

este centro que se extiende y

se concentra en cada cosa

cada punto un centro,

cada centro punto de otro centro --el

primer y único centro de mi adentro cuajado,

horizonte abierto. Qué es el espíritu si no

ese horizonte traspasado y que se cierne

alrededor de un punto muerto, mi

comienzo—de un comienzo que es mi

muerte sobrepuesta, de esta

vida que es abismo ilimitado.

Qué es el espíritu si no:

este palpitar que me persigue y que me

alcanza en la palma de la mano,

en la hoja que se seca,

en el pétalo apretado de mi suerte

--eternizado eco de una nube que se aleja:

todo esto que se mueve y que me mueve y

donde muero

para comenzar de nuevo

en el instante.

Detroit, Michigan, 1973

Mucha lucha en esta vida y en la otra

mucha lucha para nada y en la de aquél

tal cual me ves y en la de todos.

Alguna vez, uno de éstos se detiene

y mira y se hace una pregunta

muy callada

--la misma que venimos formulando,

cuando solitariamente nos miramos las manos,

como extrañados,

los desterrados de siempre.

Y volvemos a la fila y empujamos el arado

pero inconsolables siempre nos salimos al

costado, deteniéndose la frente sobre las

flores de antaño, tratando de desprenderles

el aroma de aquel prado, donde cruzaba

silente, entre todas, el rebaño,

bajo un cielo más intenso,

diríase que aterciopelado,

Sin que las cosas llevasen

Un nombre que las fijase

--y todas juntamente cantaban sus temas,

y todas en concierto mudaban de esquema,

ciegas al contorno de sus inusitadas muecas

o extasiadas riendo ante el propio reflejo

que, suspirantes, les devolvían nuestros

fieles espejos.

Y éramos todos quizá, quién lo sabe,

en aquél aún --si es que hubo ese entonces

dorado--

y éramos todos quizá desde siempre

Eso que, extrañados, tú y yo interrogamos

cuando, solitarios, nos miramos las manos.


Detroit, Palmer Woods, junio 1973

Inútil es ya seguir tus pasos

Sólo en los míos encontraré tu rastro:

Voy por esa ruta abierta hacia la nada

donde no cabe ya para más nunca el llanto.

Quizá, al término, nos daremos la mano –-tú,

cual poderosa noche ardiente imantada en mi

regazo, despertarás entero al fulgor

de mis sueños y, recogiéndome entera

en tus recias entrañas, trazarás con tu

pecho las fibras de nácar que a veces,

lejanas, anuncian

el vuelo.



Detroit, julio 20/73

Sartre me decía que yo no podía ser sino…

haciendo. Y en este no-hacer al que

voy sucumbiendo, me estoy extendiendo,

me veo ya siendo sin hacer,

sin hacer siendo,

eso que las gotas del rocío van regando en la

alborada

--el tenue tremolar del verdor en mi ventana

--el frescor de la tierra húmeda en que se

bañan tus ramas accediendo a

la mañana.

Detroit, Julio 20/73

Otoño

Seco batir de incendio

Contra el azul del cielo—

Entre la rama que se desnuda

Y el río que la refleja

Cuán corto el vuelo!

Detroit, octubre 74

Sentido de no sentir

Este zapato ya

que me aprieta la muñeca

este ir y venir

de mis esperas

estas ramas que se

alejan

que son tientos ya sin

rienda.

El día se desdobla cuando

llega el mediodía

Y despierta mi agonía que se

vierte sobre tejas.

Recuerdo al fin tu llegada como

Murmullo de abejas.

Tu sola entrada

Multiplicada.

Tu única partida

Repetida.

Principio perenne

Amplificado

De mi estar sin estar en ello

De mi andar a tientas desvestida

A cuestas con este sentir

Que no tiene ya sentido.

Lawrence, Kansas, Marzo 31, 1976

Florida enero…

Anacaradas superficies contra el

despejado cielo violentamente

azul, agudizándose más aún allí

donde pincha la espigada palma

infinitamente hasta mi centro.

El cielo nunca dice nada.

El cielo aquí se mira en mi mirada

y me lleva lejos, muy lejos,

hasta donde estoy sentada.

Suaves se entretejen:

iba bebiendo el aire,

filtrando el viento,

soltando aves,

iba lujuriándose entera

por la mañana clara y

suave. Todo cae en sí

de repente.

Miami, enero de 1975

Gnosis

Si es que no muero en París con aguacero,

Algún jueves, moriré en Huautla un domingo de

Resurrección. Moriré de cara al cielo

Y la lluvia será de plata ligera sobre mi seno.

Más tarde escucharé su rítmico lenguaje crecerse y

apaciguarse mientras duermo. Entre sueños saludaré

al Ché, a Vallejo, y a otros miembros de mi épica privada,

hasta escuchar la misma Tu Voz de entonces que me

llama. Despertaré sin miedo. Entre sueños sen-

tiré tu sonoro canto callado soplar a lo largo de todo mi

cuerpo-ya-no-más-mi-cuerpo.

Me hundiré en tu mirada sin fronteras

y la lluvia caerá cálida, como rostro vivo de noche serena

sobre mis penas. Me bañarás en tu semen de almendras,

suave consejo de tu seno donde todo pace quietamente y en

silencio, remanso de dicha sin memorias ni quejas,

Amantísimo Verbo del más dulce de los recuerdos ya

Devuelto…

Zinoviev, nombre viejo cuyo significado

Se me ha ido olvidando a medida que me

Olvido de la historia, lenguaje inventado por

Los hombres para defenderse de su

Muerte.

En el reino de lo inmediato

Las palabras asumen un sentido diferente...

Quiebran, se hacen transparentes, y

Entre los intersticios del concepto se a-

soma lo indeterminado.

Y hablo ahora

Como en un sueño que se sueña sin palabras

O entre voces confusas que se apagan,

donde lo concreto al fin vive liberado, eterno,

informe en sus perfectas, inusitadas dimensiones:

Es el Reino de lo Amado,

Vértigo de dicha que me atrapa...

Y me olvido de la historia.

Shreveport, Luisiana, 1979

A la memoria de Simone Weil:

Metaxus (Puente)

Los hombres llegan hambrientos de carne.

Conocerán la suya al final de la jornada.

No le cantéis al viento: El trabajo es

Duro y la vida breve. El trabajo es duro...

Para lo poco que dura la “larga vida dura”.

Pero no siempre serán llantos, y en esta

Prisión un ciego escucha su llamado: le

Llega por la misma vía que de él lo separa

--su tacto un muro, pero también el puente.

Del otro lado, estas manos sienten los

Colores de un viento que no miente.

Valle de Bravo, 1981

Honeymoon Blues: “Luna de miel, luna de hiel”.

Hoy, después de una noche blanca,

sin escape,

Llego al país desde el cual ya no

se canta,

Y veo que todo sigue igual allá,

del otro lado,

Donde chisporrotean los pájaros

en corto vuelo mañanero,

y las abejas al sol se desperezan

y las montañas, inmóviles,

se desprenden de su velo de niebla.

El sol teje su impasible nitidez y la vierte, unánime,

Contra mi ventana: Pero yo quedo aquí, de este lado,

en este país desde el que ya no se canta,

Contando las horas tras el último

sueño deshecho,

Viendo pasar a la cándida Doña Esperanza

Perdidamente enamorada del Siniestro

Don Reloj.

Valle de Bravo, 1981

Lamento para escarmiento de solteras: ("¡Te lo dije!...")

Este hombre, decididamente, nunca leerá na-

da que yo escriba: Ni una carta, ni una cuenta,

ni el clásico "te estuve esperando pero ya me fui".

Nació para mí... quiero decir, para mi suplicio y

para mis noches más olvidadas de las letras,

del poema inacabado, del proyecto ontológico supremo.

Una madrugada en ciudad México me dijo:

"¡Ay... Tú debiste llamarte Encarnación!” Si no fue

esa noche, fue otra, parecida, que me preñó. Ahora, los

llevo aquí dentro pero él se niega a hacerme el jugo de

naranja por la mañana si yo no le pego un botón...

aunque cargo con otro como él que me está chupando

los huesos, y mi premio Nobel ya se quedó para la próxima

reencarnación. Porque en ésta, de plano, me parece que

la regué y tendré que empezar de nuevo, con otro Karma y

mejor disposición para el papel de Sor Juana, de Santa

Teresa, o de Mistral (quien a lo mejor, de boba, se hubiera

querido en mi lugar --por aquello de quedarse sin

hijos). Si me concentro bien, para la próxima, lograré hacer

mi debut en este mundo con tremenda envergadura de

macho. Porque las mujeres, como quiera que se mire,

llegamos al mundo tal cual salimos: jodidas, y eso,

sin importar la época: un coño es un coño es un coño...

(que ni más ni menos fue lo que dijo Gertrude Stein con su

“a rose is a rose is a rose”…)

Ahora mis amigos me agitan el dedo índice de lejos, en gesto de "Te lo dije", pero ya casi ni se acercan: Saben que por mucho que me defendí y por mucho que protesté, acabé por caer en la suprema trampa --que yo misma me la tendí, como pendeja de raza, que lo que se hereda no se hurta...

Hay quienes alegan que las malas palabras no caben en un poema, como no sea una un Ezra Pound

(sing goddamn damn!). Así que esto no será un poema.

Pero, cómo ser mujer y no cultivar con esmero y refinamiento,

incluso, cada recoveco de la mala palabra:

¡Qué viva la mala palabra, palabra de maldición --que no soy

poeta maldito, no, sino mujer y por mujer maldita, al fin! Pues

tanto gimió María de placer aquella madrugada

que de la cumbre de su placer brotó otro Jesús con alas de

Lucifer, Jesús- Dionisio, presto como siempre a amachinarse

a cuantas Marías hijas de María se dejan prender y meter

en cinta de cinturón –esclavas del ajeno quehacer,

de la plancha y del ajo y del remendón; de los vómitos y

de las agruras de los nuevos vástagos

"herederos de la patria".

Sois cual os queréis, Narciso.

Por eso, tu realidad tan sólo es reflejo, puro mirage: Maya.

Así nos dejamos atrapar, navegando por el cauce de una

mirada que alguna madrugada nos dijo,

"¡Ay, tú debiste llamarte Encarnación".

Y soñamos con reencarnar el misterio de la

Santísima Trinidad (si la solución no brota de nuestro cerebro, saldrá de nuestro vientre, María) y

volvemos --ya consumado el acto supremo,

bien sellado el encargo,